En la calle de Santa Isabel, 22, una placa conmemorativa del Ayuntamiento de Madrid da fe de una historia que comenzó en 1908. Se trata de la Peluquería Vallejo, que acaba de convertirse en la peluquería más antigua de la ciudad en activo tras el cierre del histórico establecimiento El Kinze de Cuchilleros.
Para celebrarlo, han tenido una idea singular: anunciarse como si fuera un evento. "Es un poco cuando viene la gente a hacer conciertos, un poco lo mismo, entonces se nos ocurrió la idea... como ha cerrado El Kinze de Cuchilleros... ahora nosotros hemos pasado a ser la más antigua", explica Carlos, nieto del fundador y representante de la tercera generación al frente del negocio.
El local es un auténtico museo viviente de la peluquería. Carlos señala con orgullo las sillas originales, instaladas hacia 1916, y la fachada de azulejos de la misma época. Pero las joyas son los utensilios. Con cuidado, muestra un arcaico secador, un ingenioso sistema para lavar la cabeza similar al "gorro de Don Quijote" y una ducha alimentada por un esterilizador de agua caliente. "Hubo una época en la que las cosas no valían y se tiraban. Esto es una joya", afirma.
El relevo y la esperanza de futuro tienen nombre de mujer: Lucía, la cuarta generación. Aunque al principio le costó entrar en un "mundo de hombres", su presencia asegura la continuidad. "La verdad que al principio me costó porque no estaba muy convencida de ser peluquera... pero luego la verdad es que la mayoría son encantadores", relata.
Para Carlos, verla trabajar es la mayor satisfacción: "Haber seguido manteniendo un negocio centenario como este y luego que tenga continuación con mi sobrina es un hándicap para que esto siga por lo menos otros 20, 25 años más". Más de un siglo después, las tijeras siguen sonando en el mismo lugar, entre el aroma a colonia de siempre y el peso de la historia.