El pequeño comercio vuelve a demostrar que es mucho más que un lugar donde comprar. En el barrio madrileño de Campamento, la Pastelería Marimer sigue levantando cada mañana sus persianas gracias a una decisión tan poco habitual como cargada de significado: su rescate por parte del cantante Huecco, que en plena pandemia decidió invertir para evitar que el obrador de toda la vida desapareciera.
El establecimiento, fundado en 1975 por Don Ángel y Doña Victoria, estuvo a punto de cerrar definitivamente tras décadas siendo un referente para varias generaciones de vecinos.
La noticia provocó una oleada de apoyo en el barrio, con cartas y mensajes pidiendo que no se perdiera un negocio que formaba parte de la memoria colectiva. “Era la pastelería de toda la vida, la de los cumpleaños, las comuniones y los domingos en familia”, recuerdan los clientes más veteranos.
Movido por un vínculo emocional con el barrio y por la convicción de que el comercio de proximidad es esencial para la vida urbana, Huecco decidió dar un paso al frente. Junto a las antiguas propietarias, apostó por mantener el negocio, conservar el obrador propio y preservar las recetas que habían convertido a Marimer en un símbolo local. Meses después, la pastelería volvió a abrir sus puertas, recuperando no solo su actividad, sino también su papel como punto de encuentro vecinal.