En el número 19 de la calle de la Infanta María Teresa, en el distrito de Chamartín, el tiempo parece haberse detenido entre molduras, láminas y cristales. Aquí resiste, con más de medio siglo de historia, Enmarcaciones Margharetta, un negocio familiar que es un auténtico relicario de oficio y memoria.
Hoy, su futuro y su legado descansan en las manos jóvenes de Alba, de 22 años, quien se ha convertido en la tercera generación al frente de este taller. "Este negocio lo creó mi abuelo en 1976 y luego continuó mi madre, y por temas de salud ahora me toca a mí encargarme", explica Alba.
Su misión es custodiar un tesoro: cientos de molduras que son crónicas de otra época. "Por aquí tenemos un montón de marcos. Son de la época de mi abuelo, son unidades limitadas. Estamos hablando de hace unos 40, 50 años aproximadamente", cuenta mientras señala estantes repletos de perfiles de pino, roble, haya, y de los clásicos tonos oro y plata que han enmarcado la vida de miles de madrileños.
El local es un gabinete de curiosidades donde conviven lo antiguo y lo nuevo. Junto a molduras artesanales que aún encargan a maestros del sector, hay un muestrario de grabados y láminas, incluida una sección de abstractos, a la espera de que un cliente les dé una vida definitiva dentro de un marco.
"Eliges la lámina y nosotros le damos vida enmarcándola", dice Alba. En total, calcula tener unas 500 muestras de molduras diferentes, un archivo físico de la historia del diseño decorativo.
El alma del negocio late en el taller propio, donde se ejecuta con precisión un ritual casi sagrado. El proceso comienza con la selección y el corte de la moldura en una máquina. "Juntamos, apretamos los botones y ya se corta", describe.
Tras el corte y un posible pintado, llega el ensamblaje: se aplica cola y, con una máquina de presión, se fijan las esquinas con grapas ocultas. Luego, la magia continúa con el cristal. Alba lo mide, lo sujeta y traza el corte en la superficie.
Unos golpes certeros y la pieza queda lista. "Hacemos el sándwich: cristal, obra y la trasera", explica mientras ensambla los elementos. Finalmente, una grapadora especial fija el conjunto y se sella por detrás con precinto para un acabado perfecto.
Enmarcaciones Margharetta es más que un comercio; es un pedazo de Chamartín con historia, un espacio donde se custodian recuerdos y se da nueva vida al papel y a la tela. Con solo 22 años, Alba no solo maneja herramientas y gestiona un negocio; sostiene el peso de una tradición familiar y la responsabilidad de mantener vivo un oficio artesanal en una era digital.