Mientras Madrid celebra durante todo el fin de semana la festividad de San Antón, patrón de los animales, un pequeño municipio de la región ha mantenido viva una tradición ancestral con llamas y comunidad.
A apenas 50 kilómetros de la capital, Santorcaz, con alrededor de 1.000 habitantes, ha recuperado con fuerza el rito de las hogueras de San Antón, una costumbre que en los últimos años se estaba perdiendo y que han decidido fomentar de nuevo.
En lugar de las múltiples hogueras por barrios que se encendían desde tiempo inmemorial, la localidad opta por una gran hoguera comunitaria que congrega a los vecinos. El escenario elegido fue ha sido la plaza de toros, donde las llamas han iluminado la noche del viernes 16 de enero entre las 19.00 y las 23.59 horas.
La tradición, arraigada en el mundo rural, tiene un significado profundo: en el fuego se queman objetos como ofrenda a San Antón, pidiendo su protección para los animales. En el pasado, estos eran vitales para las labores del campo y la vida diaria del pueblo, por lo que la bendición del santo era una petición de prosperidad y salud.
Más allá del ritual, la hoguera se ha convertido en el corazón de una fiesta de fuego y comunidad. Al calor de las llamas, los vecinos han compartido comida, bebida y conversación. Además, se les ha permitido llevar sus propias brasas para realizar barbacoas, fusionando la tradición colectiva con un toque familiar y personal.
Esta celebración representa mucho más que un evento festivo; es un acto de resistencia cultural y de unión vecinal. En un municipio pequeño, gestos como este fortalecen la identidad y mantienen vivos los lazos con las costumbres que durante generaciones han definido la vida en Santorcaz.