La Sala 1 de Exposiciones de Conde Duque acoge hasta el 21 de junio la exposición 'Eduardo Chillida. Soñar el espacio', una muestra que presenta un amplio conjunto de obras fundamentales de uno de los artistas más relevantes del siglo XX.
Organizada por el Ayuntamiento de Madrid y la Fundación Ibercaja, con el apoyo de la Fundación Eduardo Chillida-Pilar Belzunce, la exposición supone el cierre de la programación conmemorativa del centenario del nacimiento del escultor guipuzcoano.
"Esta es la primera escultura que hizo, la primera de todas. Es una obra en yeso cincelado, lo cual es bastante peculiar y habla un poquito de esa primera fascinación que tuvo con el arte griego", explica Mikel Chillida, nieto del artista, mientras señala una de las piezas más emblemáticas de la exposición. "Lo que más le llamaba la atención en esta obra era el espacio que existe entre la pierna y el pecho. Sentía que ahí había algo, pasaba algo en esta obra".
La muestra incluye 102 piezas entre esculturas, obra gráfica, dibujos, collages y retratos, muchas de ellas especialmente significativas dentro de su trayectoria artística. "Se le conoce mucho por la escultura, pero sus comienzos fueron en papel", recuerda su nieto.
"Dentro de las obras en papel hay esta categoría que son los collages. Ya ves que hay un juego continuo de cortes, de superposición de papeles, hay pequeños cortes en el papel que buscan precisamente aportar casi toda la intensidad de la obra. Volvemos a tener esa tercera dimensión en juego. Él trabajaba el espacio".
Una parte de la exposición reúne obras de pequeño formato, de carácter intimista, realizadas en materiales como yeso, alabastro, madera, hierro forjado, hormigón armado o tierra chamota, que permiten una relación directa con el espectador.
"En esta sala tenemos una serie de esculturas que él consideraba o llamaba 'aromas', que son esas obras que luego tienen una obra de mayores dimensiones", señala Mikel. Junto a ellas, la exposición recuerda algunos de sus trabajos más icónicos: el Peine del Viento en San Sebastián, el monumental Elogio del Horizonte en Gijón, Lugar de Encuentros III en Madrid, el Mural G-333 en Barcelona o el Monumento a la Tolerancia en Sevilla.
"Aquí hay una muestra de las manos. Las manos son el único tipo de dibujo figurativo que mantuvo durante toda su carrera", explica Mikel Chillida. "Para él eran el elemento más interesante y rico del cuerpo humano. Fíjate la importancia de las manos que fue portero de la Real Sociedad".
Una anécdota que revela la conexión vital entre el deporte que practicó en su juventud y su posterior obsesión artística por captar la energía y el movimiento de las manos abiertas o entrelazadas.
La obra gráfica ocupa un lugar destacado en la exposición, ya que conecta de manera directa con el pensamiento plástico del artista y permite comprender la evolución de su lenguaje. Se suma una selección de dibujos y grabados realizados en tinta, carbón o sanguina muy próximos en su concepción a las esculturas.
"Aquí tenemos otro material que trabajó que es el alabastro. Permite que de nuevo la luz sea parte de la obra… La luz busca ser la obra en sí misma", detalla Mikel antes de señalar un detalle constructivo fundamental en la obra de Chillida: "Y un pequeño detalle: si miráis los ángulos, mi abuelo renuncia al ángulo de 90 grados porque dice que es un ángulo que no dialoga con ningún otro ángulo, solo consigo mismo".
La parte más figurativa del recorrido está compuesta por retratos de la mujer y los hijos de Chillida, junto a algunos autorretratos. Se añaden collages realizados con papeles rasgados y cortados, así como la serie Gravitaciones, iniciada a partir de 1985, producciones estrechamente vinculadas a su trabajo escultórico que generan una tercera dimensión a través de los recortes que las conforman.
Obras que obligan a mirar desde distintos ángulos, aunque lo más importante para él fue siempre su familia. La exposición 'Eduardo Chillida. Soñar el espacio' permanecerá en Conde Duque hasta el 21 de junio, ofreciendo un recorrido completo por la trayectoria de un artista que dedicó su vida a dialogar con el vacío, la materia y la luz.