La fiesta de San Blas revive en Miraflores con el estruendo bicentenario de Los Perreros

  • Esta tradición se remonta a la Guerra de la Independencia
Foto: ARCHIVO |Vídeo: Telemadrid

El eco metálico y ancestral de los cencerros ha vuelto a inundar, un año más, las calles empedradas de Miraflores de la Sierra.

Con motivo de la festividad de San Blas, vecinos de todas las edades han tomado las calles para celebrar los más de doscientos años de historia de Los Perreros, una tradición única que mezcla devoción, folclore y una astucia histórica que, según la leyenda, libró al pueblo de la invasión napoleónica.

La jornada festiva ha arrancado con el desfile de Los Perreros, ataviados con su característico indumento: gorros adornados con pendientes y joyas, y, sobre todo, cinturones de los que cuelgan pesados cencerros.

"La historia de Los Perreros viene de la época de los franceses", explica un vecino. "Cuando entraron por aquí por las montañas, hicimos como si fuera una estampida de ganado con los cencerros. Les quitamos todas las joyas. Por eso, el gorro lleva los pendientes y todo eso".

La tradición oral relata que, durante la ocupación francesa, los soldados napoleónicos saquearon el pueblo. Conociendo el pavor que les inspiraban los toros, los mirafloreños idearon un ingenioso ardid.

Equipados con cencerros, se aproximaron al campamento francés en la oscuridad. El estruendo metálico les hizo creer que una manada de reses bravas se abalanzaba sobre ellos, provocando una huida precipitada que liberó a Miraflores de su presencia.

Tras recorrer el pueblo con su estruendosa cencerrada matutina, Los Perreros han entrado en la iglesia para honrar a San Blas. Pero la fiesta estaba lejos de terminar. Al mediodía, hizo su aparición el otro gran protagonista de la jornada: la vaquilla de trapo.

Nos colamos en las fiestas patronales de Valdemorillo
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Este peculiar personaje, una representación de vaca fabricada con un armazón de madera y telas, ha irrumpido en la plaza para interactuar con Los Perreros y el público en una escena cargada de simbolismo. "La tradición de la vaquilla es llegar a la plaza, dar una vuelta con ella y luego matarla", detalla una de las vecinas.

Tras la teatral "muerte" del animal de trapo, llega el momento final y dulce del ritual. "Vamos a utilizar la limonada, que representa la sangre y la muerte de la vaquilla", explica otra vecina. Con esta bebida, compartida por todos los asistentes, se ha puesto el punto final a una jornada de celebración.

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