El Círculo de Bellas Artes ha decidido mirar al pasado para celebrar el presente. En el año de su centenario, la emblemática institución cultural ha inaugurado la exposición 'Eclosión. El Círculo de Bellas Artes en los 80 y 90', un viaje documental a las décadas que marcaron su renacimiento y lo situaron en el epicentro de la efervescencia cultural de la España democrática.
La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo 10 de mayo, reconstruye el período en el que el Círculo, superada una profunda crisis económica y las sombras de la dictadura, se reinventó por completo.
Bajo la dirección del escultor Martín Chirino, que asumió las riendas en 1983, la institución dejó de ser un club cerrado para abrirse a la sociedad, convirtiéndose en un hervidero de creatividad, un espacio experimental y transgresor que acogió y estimuló el despertar artístico de todo un país.
'Eclosión' reúne 480 piezas que funcionan como testigos de aquella frenética actividad. Pósteres, carteles, grabados, fotografías, documentos sonoros y vídeos se despliegan por las salas para narrar cómo el Círculo impulsó el arte, la literatura, el teatro, el cine, la música o la poesía durante dos décadas esenciales.
Entre este torrente de material, una obra destaca por su magnitud y simbolismo: el 'Cadáver exquisito'. Se trata de un lienzo de más de 20 metros de largo en el que participaron numerosos creadores e intelectuales durante un maratónico ciclo de pensamiento y ciencia, humor, artes plásticas, literatura, teatro, cine y periodismo celebrado en 1997. La pieza es la metáfora perfecta de aquel espíritu colectivo y multidisciplinar que impregnó la institución.
Uno de los apartados más fascinantes de la exposición está dedicado a los históricos bailes de Carnaval del Círculo, una tradición que se remonta a 1891. Interrumpida en 1936, la fiesta se reanudó en 1948, pero bajo el nombre de Gran Baile de Exaltación del Traje Regional, perdiendo gran parte de su espíritu original.
Hubo que esperar hasta 1984 para que la fiesta recuperara su esencia. La nueva directiva no solo retomó el baile de máscaras, sino que lo elevó a categoría de acontecimiento artístico, encargando los carteles a grandes figuras del momento y confiando los pregones a plumas como las de Rafael Alberti, Francisco Nieva o Terenci Moix.
La exposición recupera la memoria de aquellos fastos, incluyendo los sorprendentes proyectos de decoración del edificio. En 1993, por ejemplo, la sede de la calle Alcalá apareció disfrazada enteramente de vaca, y para promocionar el evento, colocaron una vaca viva y asustada en la sala de presentaciones. En 1992, una inmensa escalera provisional trepaba por la fachada para que los asistentes accedieran al baile directamente por una ventana de la segunda planta.
Más que un ejercicio de nostalgia, 'Eclosión' pretende ser un puente entre aquella energía creadora, el presente y, por supuesto, el futuro.