La calle Santiago de Coslada se ha convertido en un ejemplo de la dejadez y la inseguridad. Lo que debería ser un vecindario tranquilo es, a diario, un campo de batalla donde los problemas se acumulan sin que nadie parezca dar una solución definitiva.
El principal quebradero de cabeza para sus residentes es la luz. Los numerosos enganches ilegales a la red eléctrica provocan una saturación constante que termina dejando sin suministro a todo el vecindario. Pero para algunas vecinas, esto no es una simple molestia; es una cuestión de vida o muerte.
Una de las afectadas depende de una máquina de oxígeno las 24 horas del día para poder respirar. Los apagones, que se han llegado a prolongar hasta tres días, la sitúan al borde del colapso médico.
"Este aparato tiene tres horas y media de autonomía, pero es que yo dependo del eléctrico, que son las 24 horas. Este es para pasear nada más. He llegado a estar sin luz hasta dos días y pico, tres. La última vez que estuvimos sin luz casi me tienen que ingresar. Es que esto no puede seguir así".
A su drama sanitario se suma el económico. La comida se pierde en los frigoríficos que dejan de funcionar. "Hemos tenido que tirar entre mi vecina y yo, si no hemos tirado 200 euros de comida, que se dice pronto, pues la comida de todo el mes", lamenta.
Otra vecina, cansada de la situación, ha optado por una medida desesperada: mantener la nevera prácticamente vacía y el congelador completamente vacío. Pero el drama eléctrico no es el único mal endémico de la calle. A pocos metros, un agujero en la vía lleva casi un año sin que nadie acuda a repararlo.
"Este agujero llevaremos desde mayo del año pasado y no viene nadie. Se está haciendo cada vez más grande, se está haciendo una raja por ahí y se está hundiendo", denuncia Itziar, otra de las residentes.
El problema va más allá del bache: se ha convertido en un foco de insalubridad. "Hay basura, salen ratas, hay tabaco, de todo hay aquí", añade, mostrando el estado de abandono de la vía pública.
Para culminar el cóctel de problemas, la calle Santiago sufre a diario un colapso circulatorio. A pesar de ser de doble sentido, su estrechez solo permite el paso de un vehículo, lo que genera situaciones de alto riesgo.
"Todos los días, pero por la mañana en hora punta y por la tarde a la vuelta del trabajo es peor. O sea, los coches encima de la acera, unos para atrás y bueno, movidas", explica otra vecina.
El problema se ha agravado recientemente. "Solo cabe un coche, pero es que han abierto la entrada de El Cañaveral en vez de hacer en la rotonda una salida hacia Coslada y están desviando por aquí, y mira las consecuencias", denuncia.
Los vecinos de la calle Santiago de Coslada, atrapados entre la oscuridad de sus casas, la suciedad de sus aceras y el caos del tráfico, solo piden una cosa: que no haya que lamentar una desgracia para que, por fin, alguien les mire.