Llega el sabor a victoria para los vecinos de la calle Tribulete en Lavapiés. Lo que durante meses fue un infierno de peleas, consumo de drogas a plena luz del día e inseguridad constante, se ha convertido por fin en una puerta sellada con chapa metálica y la promesa de un descanso largamente anhelado.
El pasado lunes, los residentes de esta corrala denunciaban vivir una auténtica pesadilla. Una vivienda de la planta baja se había transformado en un narcopiso que operaba sin complejos, generando un clima de temor que llevó a los vecinos al límite de su paciencia.
La Policía logró desmantelar el punto de venta, pero la alegría duró apenas unas horas: el juez dejó en libertad a los detenidos y la actividad delictiva regresó con la misma fuerza de siempre. Hasta que todo cambió.
Cuando un equipo de Madrid Directo se acercó hasta la puerta del narcopiso, Yoli, la mujer que tenía alquilada la vivienda y a quien los vecinos señalaban como la cabecilla del negocio ilegal, negaba los hechos, pero lanzaba una promesa: "Me enrollé con un chico y ha metido a unos okupas. A mí se me ha ido de las manos y me están volviendo loca entre todos, los vecinos y los okupas. Yo me voy a ir dentro de dos días".
Este jueves, la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS Madrid) ha colocado una chapa en la puerta de la vivienda. El narcopiso ha cerrado para siempre. Pero hay más: Yoli no solo ha abandonado voluntariamente la casa, sino que ha dado un paso más allá y ha ingresado en un centro de rehabilitación para tratar de dejar atrás su adicción a las drogas.
La noticia ha corrido como la pólvora por la corrala. Los vecinos, que durante meses han soportado lo inimaginable, no pueden ocultar su emoción. "Estoy súper contenta. Me he levantado y he dicho, ¿qué es esto? He pegado un grito porque lo hemos pasado muy mal", confiesa Yolanda, aún sin salir de su asombro.
En el patio, Rosalía muestra orgullosa el resultado de su pequeña batalla personal: "Mis plantas estaban hechas una pena porque las usaban de basurero. Ahí me ponían las tazas, los vasos, las colillas, las papelinas... las enterraban en las macetas. Y ahora las he limpiado y las he dejado preciosas".
Ana, que vivía pared con pared con el narcopiso, quiere dejar claro quiénes son los verdaderos héroes de esta historia: "Quiero hacer hincapié en el trabajo que ha tenido la Policía. Darle muchísimas gracias a la policía de participación del distrito Centro, de Leganitos. Se han portado con nosotros exquisitamente, siempre ayudándonos, siempre diciendo lo que teníamos que hacer, informándonos... Ha sido una maravilla. Yo no tengo mejores palabras para ellos".
El cierre del narcopiso de Tribulete no es solo una victoria vecinal; es también una historia con un giro inesperado. La decisión de Yoli de ingresar en un centro de rehabilitación añade un componente humano a un conflicto que parecía no tener salida.