El Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba se ha convertido desde anoche en el centro neurálgico y logístico de la atención sanitaria a las víctimas del grave accidente ferroviario ocurrido en Adamuz.
Tras el descarrilamiento de un tren que invadió la vía contigua, provocando una colisión, el centro hospitalario activó de inmediato su plan de catástrofes externas para coordinar todos los recursos disponibles.
El balance, aún provisional, es devastador: 40 personas han perdido la vida y 122 han resultado heridas. De estos, 43 han requerido ingreso hospitalario, 12 de ellos en unidades de cuidados intensivos (UCI), mientras que 79 pacientes han recibido el alta, un dato que supone un alivio en medio de la tragedia.
La respuesta dentro del Reina Sofía ha sido masiva y prioritaria. Se han habilitado de urgencia dos circuitos específicos en la Unidad de Urgencias, atendidos por profesionales de todas las especialidades médico-quirúrgicas, tanto de adultos como infantiles. El hospital vive un incesante ir y venir de ambulancias con destino a Adamuz, acompañado del trasiego de familiares, personal sanitario y medios de comunicación.
La dedicación del personal ha sido absoluta. De hecho, muchos profesionales han doblado turnos y otros que habían finalizado su jornada se han quedado voluntariamente para colaborar.
Frente al drama, una palabra resuena con fuerza en el hospital: solidaridad. Esta se ha materializado en una impresionante respuesta ciudadana, con donaciones masivas de sangre que han colmado los bancos del centro y cubierto de inmediato todas las demandas generadas por la emergencia.
En estos momentos, el hospital mantiene ingresados a 15 pacientes derivados del accidente. Cinco de ellos permanecen en estado crítico en la UCI: cuatro adultos y un menor. Las autoridades, como los alcaldes de Córdoba y Málaga, se han desplazado al centro para visitar a los heridos y mostrar su apoyo.