El Centro Cívico Poniente Sur de Córdoba se ha convertido desde esta madrugada en el punto neurálgico de la desesperación y la espera. Allí, decenas de familiares acuden en busca de noticias, cualquier indicio, sobre el paradero de sus seres queridos tras el brutal accidente ferroviario en Adamuz, que ha dejado al menos 40 fallecidos y más de un centenar de heridos.
La actividad habitual del centro ha sido suspendida. El acceso está estrictamente controlado y acordonado por la Policía Local, Nacional, Protección Civil y efectivos de la Agencia de Emergencias de Andalucía (EMA). Solo pueden entrar familiares, supervivientes y personal autorizado, bajo la atenta mirada de una numerosa prensa nacional e internacional congregada en las inmediaciones.
Dentro, en un salón habilitado, reina un clima de tensión y angustia. Voluntarios y trabajadores de Cruz Roja, junto a personal del Ayuntamiento de Córdoba, brindan acompañamiento constante, intentando ofrecer un mínimo consuelo, así como atención psicológica urgente.
En medio de este escenario, se desarrolla un procedimiento tan crucial como desgarrador: a los familiares se les está pidiendo que aporten muestras de ADN. Esta medida, necesaria para la identificación de las víctimas fatales y para cotejar con las personas aún desaparecidas, subraya la magnitud de la tragedia y la dificultad de las labores de rescate entre los vagones destrozados.