Apenas 24 horas después de entrar en la Cuaresma, el ambiente de devoción ya se respira en los alrededores de la Basílica de Jesús de Medinaceli.
A 16 días para la celebración del tradicional besapiés, que tendrá lugar el primer viernes de marzo, los primeros feligreses han comenzado a aguardar pacientemente a la intemperie, dispuestos a ser de los primeros en venerar la imagen del popularmente conocido como el Señor de Madrid.
La tradición se remonta a siglos de historia, pero la cita permanece inalterable: cada año, el primer viernes de marzo, la Basílica abre sus puertas a las 00.00 horas para recibir a los fieles que, como estos primeros, ya esperan turno.
El templo permanece abierto de forma ininterrumpida hasta la medianoche del día siguiente o hasta que el último de los devotos que aguarda en la fila haya podido cumplir con su ritual.
El momento cumbre para los creyentes llega al situarse frente a la imagen. Siguiendo una arraigada costumbre, los fieles besan los pies del Cristo y formulan tres deseos, de los cuales, según la tradición popular, solo uno de ellos será concedido.
Además del multitudinario besapiés del primer viernes de marzo, los fieles tienen la oportunidad de tocar al Cristo todos los viernes del año, manteniendo viva una devoción que no entiende de calendario.
La cita cuenta cada año con un visitante muy especial. Forma parte de la tradición que un miembro de la Familia Real acuda a la Basílica para ofrecer una oración frente a la imagen de Jesús de Medinaceli, sumándose así a los miles de personas que buscan su protección.
El origen es difuso. La imagen ha sufrido cientos de avatares y traslados a lo largo de los siglos por diferentes puntos de España y del extranjero, lo que le ha valido el sobrenombre de "el Cristo Viajero". Estas vicisitudes históricas son precisamente las que han ido forjando una devoción tan profunda y arraigada.
Aunque no se puede fechar con exactitud el inicio del besapiés como tal, fue a partir de 1939, una vez que la imagen quedó establecida definitivamente en la Basílica de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, cuando la tradición comenzó a consolidarse.
Sin embargo, existen fotografías que ya atestiguan largas filas de fieles esperando para ver la imagen en 1919, lo que demuestra que la devoción por el Cristo de Medinaceli llevaba décadas, y siglos, grabada en el corazón de Madrid.