Decenas de personas pernoctan cada día entre los árboles de la Casa de Campo, una situación que, según denuncian los vecinos de la zona, no solo persiste, sino que va en aumento con el paso de los meses.
"Hace un año apenas había una tienda de campaña, y ahora esto se ha convertido en un efecto llamada. Cada vez hay más", explica un residente, preocupado por la proliferación de pequeños asentamientos improvisados.
Según detalla, estas personas ocupan zonas próximas al perímetro del parque, un espacio protegido donde, asegura, se están utilizando hornillos para cocinar y acumulando enseres. "Podría salir ardiendo", advierte.
El acceso a estos enclaves se produce, en parte, por una valla deteriorada. "Está rota y acceden por ahí. Han montado prácticamente un poblado en pleno centro de Madrid", añade el vecino.
Las consecuencias del asentamiento son visibles en el entorno: restos de basura, papel higiénico e incluso lo que parece ser una funda de jeringuilla, lo que hace sospechar de posibles consumos en la zona.
Sin embargo, no todas las voces adoptan un tono de confrontación. Almudena, voluntaria que cuida varias colonias felinas en el parque, apuesta por la convivencia pacífica. "Intentamos relacionarnos con ellos de manera amable. No queremos problemas, sobre todo por miedo a que puedan tomar represalias contra los gatos", explica.
Aun así, reconoce que la suciedad es uno de los principales inconvenientes. "Nosotras intentamos mantener una relación cordial. Incluso, si podemos ayudar, lo hacemos", señala. Como ejemplo, relata cómo recientemente ofreció agua a uno de los ocupantes que intentaba llenar una botella en un grifo averiado. "Me dio las gracias y todo fue bien", recuerda.
Mientras tanto, los vecinos temen que la situación continúe agravándose en los próximos meses si no se toman medidas, alertando de un posible incremento del llamado efecto llamada en este emblemático pulmón verde de Madrid.