Una alcantarilla convertida en cascada. Es la imagen que resume la mañana de este jueves en el polígono industrial de Paracuellos de Jarama, donde la crecida del río Jarama ha vuelto a anegar calles, accesos y naves. Como si de una catarata se tratara, el agua brotaba imparable desde el colector que vierte al río. O más bien, el que no vierte.
"Viene el río, vienen los problemas. El colector no traga", resume Luis, dueño de un taller. Con una manguera que conecta a un desagüe ha intentado evitar que el agua termine entrando en su nave. "El año pasado terminó entrando porque subió el río más de lo que pude bombear".
A la entrada de su negocio, la imagen es de supervivencia cotidiana. "Para acceder a trabajar tenemos que hacer cabriolas para no meternos en el agua. Ponemos palés. Afortunadamente, podemos meter el coche aquí y los clientes y proveedores pueden bajarse y salir. Si no lo hacemos nosotros, el Ayuntamiento con venir y cortar las calles ya lo tiene solucionado", denuncia con resignación. "Esto es el pan nuestro de cada invierno. Cuando pase la riada, se nos olvidará a todos".
A unos metros, Jesús ha optado por la misma solución: plataformas de madera a la entrada de su nave. Es la única vía para caminar sin mojarse. "No hay otra manera de entrar. Si tenemos que recoger material o lo que sea, dime tú cómo lo haces. Y hoy hay menos agua. Esto ha estado como si fuese una balsa entera que viniera del río. El alcantarillado no traga. Estos son los problemas que tenemos aquí siempre", declara.
La calle Severo Ochoa es una de las más afectadas. Nerea regenta una empresa familiar y revive estos días el mismo caos que el año pasado. "Sigue la lluvia, siguen estos problemas, nadie nos da solución, nadie nos ayuda. Seguimos igual, otro año más".
En su muro aún se distinguen las marcas del agua de la riada anterior. "El agua llegaba hasta estos niveles y la verdad es que nos da miedo que se vuelva a repetir. La calle subirá de nivel con las lluvias, y el deshielo ya no me lo quiero ni imaginar", confiesa.
La alcantarilla, insiste, no absorbe. El agua, directamente, sale del río por allí. "Los clientes no pueden acceder, las calles están cortadas, no hay movimiento de gente. Hoy solo han venido tres clientes", lamenta.
Mientras tanto, todas las miradas están puestas en el cielo. Mañana están previstas nuevas lluvias. Y en el polígono, la pregunta es la misma que hace un año: hasta cuándo.