La M-607, una de las principales vías de acceso al norte de la capital, se ha convertido en un cuello de botella permanente y una fuente de frustración para miles de conductores.
Las obras de ampliación de la carretera, que se alargarán hasta abril de 2027, están generando a diario un caos circulatorio con retenciones que multiplican por tres o cuatro los tiempos de viaje habituales.
Cada mañana se repite la misma imagen: una larga fila de vehículos avanzando a paso de tortuga para recorrer pocos kilómetros. "Un poquito complicado, sobre todo por las mañanas. Mal señalizado todo, fatal. Mal señalizado, muchos agujeros…", se queja un conductor, resumiendo el sentir general.
Los tiempos de desplazamiento se han disparado de manera alarmante. "Caótico porque por la obra tardamos de media a Tres Cantos una hora, una hora y cuarto y a Alcobendas Madrid dos horas y media", explica un conductor.
Otros, para trayectos más cortos, también ven afectadas sus rutinas: "Hay mucho atasco por las mañanas, sobre todo. Podemos tardar de más a lo mejor treinta minutos", comenta una conductora.
La situación ya de por sí compleja, se ve empeorada estos días por las adversas condiciones meteorológicas. La lluvia y la niebla reducen la visibilidad y la seguridad en una vía ya de por sí alterada. "Muy mal. Las obras duran mucho y cada día nos cambian el recorrido. Se le añadimos la lluvia, la niebla, ya no te quiero contar", declara otro usuario al volante.
El principal motivo del descontento, más allá de la duración previsible de las obras, es la sensación de desorganización y falta de información clara. Los constantes cambios aumentan la inseguridad y la congestión.
Con más de un año por delante de trabajos, los vecinos y usuarios de la M-607 no ven más remedio que armarse de una dosis extra de paciencia para afrontar esta situación.