Irene sube vídeos a redes sociales, nada en la piscina y monta en bicicleta. Son gestos cotidianos que en su vida son un triunfo. Tras haber recibido dos trasplantes de pulmón (en 2008 y 2019), su objetivo vital ha cambiado: ahora ayuda a quienes, como ella un día, aguardan en lista de espera. "Después de dos trasplantes me ha cambiado la vida. No podía montar en bici, no podía subir tres escaleras. Ahora ya, vida perfecta", afirma.
Su camino no fue fácil. "Estaba con oxígeno 24 horas, dejé de trabajar", recuerda. De esas dos esperas agotadoras nació un proyecto: 'La vida espera'. "Aprendí que la espera es muy complicada, nunca mejor dicho. Me dedico a ayudarles a que lleguen mejor al trasplante, con más ánimo, que hagan deporte…", explica. A través de sus redes sociales y su labor, Irene se convierte en guía y ejemplo. "Pongo mi historia como ejemplo de lo que van a pasar".
Su mensaje es claro y esperanzador: "Intento transmitir que, aunque estés con oxígeno y estés hecho polvo, porque estás hecho polvo, que salgas a la calle, aunque sea a que te dé un rayo de sol. El camino hacia el trasplante es como subir una montaña, y se llega. Se llega a nadar en el mar otra vez sin oxígeno y disfrutar de esa segunda oportunidad. Y yo de tercera, que he tenido tres".
La historia de Irene es una de las muchas que se escriben en el Hospital Universitario 12 de Octubre, centro de referencia en trasplantes de la Comunidad de Madrid, que ha comenzado el año con un hito histórico: trasplantar 4 corazones en tan solo 63 horas. Este fin de semana, la actividad no ha cesado, con un total de siete trasplantes realizados.
"Gracias sin duda a la generosidad de las familias y de los enfermos que, en circunstancias muy dramáticas, son capaces de dedicarnos un tiempo a los coordinadores y pensar en otros enfermos que están en lista de espera", declara Mario Chico, coordinador de trasplantes.
"Hemos arrancado como hemos terminado, a tope, muy bien", comenta María Paz Cebrián, enfermera coordinadora de trasplantes. "La donación es un acto tan solidario que se genera prácticamente a diario en los grandes hospitales de Madrid".
De esa solidaridad es testigo Ángel, quien después de seis meses en lista de espera recupera la vida. "Yo era sobrevivir, apenas salía de casa, me costaba muchísimo levantarme, agacharme… El cambio está siendo increíble. Con un poquito de precaución, aún ando con miedo, pero con mucha ilusión", comparte.
Su agradecimiento es eterno: "En la vida no olvidaré a esa familia, ese donante, en un momento tan malo que hayan dado una segunda oportunidad a alguien. Generosidad infinita".
Testimonios como el de Irene y Ángel son el eco vivo de un mensaje que siempre necesita ser recordado: donar órganos salva vidas, regenera futuros y construye cadenas de esperanza. La vida, contra todo pronóstico, sigue esperando y floreciendo.