Con el último bocado de roscón, llega la hora de la verdad en la agenda de muchos madrileños. Tras la tregua navideña, marcada por los excesos gastronómicos, la rutina regresa con una misión clara: quemar calorías.
Como cada enero, gimnasios, polideportivos y parques se convierten en el destino masivo de quienes tienen entre sus propósitos de año nuevo hacer más ejercicio, un clásico que se repite con la precisión de un ritual post-festivo.
Las instalaciones deportivas notan el cambio de inmediato. "Va a ser progresivo. Desde aquí hasta dentro de dos, tres semanas, 300, 500 personas seguro", anticipa Enrique, entrenador de Smart-Club.
Sin embargo, el verdadero reto, reconocen desde el sector, no es la llegada, sino la permanencia. "Lo importante es que al principio creen ese hábito y luego se mantengan a lo largo del tiempo, esa constancia", advierte.
La motivación inicial es alta, pero la inercia de la vuelta a la rutina laboral y familiar pone a prueba la voluntad. En sesiones de alta intensidad como las de boot camp, el fenómeno es palpable.
"Yo creo que somos 17… y 17 seguramente porque hace tiempo que no les veo a la mayoría, la verdad", bromea con resignación un entrenador del grupo Distrito 280. Su comentario resume la cruda estadística no oficial de cada enero: muchos empiezan con fuerza, pero pocos mantienen el ritmo.
El mensaje unánime de los profesionales es claro y va más allá del esfuerzo puntual. "Lo que hay que hacer es ser constantes, sobre todo, seguir viniendo y adquirir ese hábito y al final integrar el deporte en tu día a día", concluye el entrenador.
La psicología popular asegura que se necesitan 21 días para crear un hábito. Madrid, por tanto, se somete desde hoy a un periodo de prueba colectivo. En aproximadamente tres semanas, la afluencia en los gimnasios dará la verdadera medida del éxito de los propósitos.
Mientras, las cintas de correr giran a pleno rendimiento, las pesas chocan y las esterillas se despliegan, en un esfuerzo masivo por convertir la intención navideña en una rutina saludable que dure más que los turrones. El veredicto final no lo darán las máquinas, sino la constancia semana a semana.