Vídeo: Telemadrid | Foto: Redacción

Una calzada romana para cruzar la sierra de Madrid

La Comunidad de Madrid se convirtió durante la época romana en un lugar de paso y un cruce de caminos. Las comunicaciones fueron una de las claves del éxito romano y el territorio madrileño, por su situación en el centro de la Península Ibérica, era un enclave idóneo para llegar a todas sus provincias y ciudades.

El territorio madrileño quedó enmarcado por dios vías, la XXIV y la XXV, que unían ciudades de relevancia como Emerita Augusta (Mérida) y Caesaraugusta (Zaragoza).

Precisamente la XXIV conectaba con Segovia a través del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. En su paso por el Valle de la Fuenfría todavía pueden verse restos de su trazado. La obra romana sufrió grandes reformas durante el reinado de Felipe V y se modificó su trazado en algunos puntos.

¿Y cómo construían los romanos estas carreteras? "Lo primero era desmontar, hacer el allanamiento de la carretera. Eso era lo más difícil", nos cuenta Pablo Sanjuanbenito, codirector del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Luego hacían un lecho de piedras, con las mismas que sacaban del terreno excavado, y sobre él iban colocando diferentes capas de grava. Finalmente acababan con una capa de rodadura, hecha de cantos rodados, y una fina capa de tierra por encima.

Las tropas, caminantes y comerciantes que circulaban por estas vías necesitaban, cada pocos kilómetros, puntos con fondas y comida en los que poder descansar y comer para continuar con su viaje. Cercedilla es uno de los pueblos que nació con la finalidad de dar servicio a estos viajeros.

Cercedilla durante la época romana |Redacción

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