Antiguamente las monedas eran de oro y plata, y el valor dependía de su peso y su pureza. Algunos pícaros raspaban los bordes para hacerse con parte del material sin que se notara.
La solución llegó con la máquina de acordonar que acuñaba los contornos con diversos diseños convirtiendo el canto en la tercera cara de las monedas. A día de hoy, la Fábrica de Moneda y Timbre dibuja más de 800 millones de cantos al año.