El alcázar de Madrid a través de los años

El alcázar de Madrid fue construido por los musulmanes como una fortaleza desde la que defenderse de los ataques de los reinos cristianos del norte y vigilar a Toledo ante posibles revueltas contra el poder de Córdoba. Aquí estaba la casa del gobernador, además de un castillo y de una mezquita.

Esta fortaleza defensiva islámica del siglo IX pasó a ser alcázar cristiano y, más tarde, Alcázar Real con los Austrias en el siglo XVI. Este alcázar se encontraba en el mismo terreno que ahora ocupa el Palacio Real de Madrid.

Desde este lugar se podía vigilar y controlar a los habitantes de la ciudad en aquel momento. "Se sitúa sobre la cornisa del río Manzanares, a unos 70 metros por encima de su vega, lo que permitía una gran panorámica de toda la zona de sierra. Permitía anticipar con mucho tiempo posibles algaradas de las tropas musulmanas", nos cuenta Julio Real, cocreador y editor de La Gatera de la Villa.

Con la conquista de la ciudad, los cristianos modificaron el alcázar, añadiéndole dos torreones rectangulares. Además, antes de convertirse en Alcázar Real, fue un importante fortín, la residencia de los Trastámara, una importante dinastía de origen castellano que llegó a reinar en la Corona de Castilla de 1369 a 1555.

Aunque se había tratado de transformar el alcázar en residencia palaciega, se hizo a base de retazos y remiendos. No fue hasta la llegada de Carlos I cuando se estructuró un plan uniforme: reformó la fachada del castillo, construyó una portada monumental a base de columnas y pilastras, dispuso su escudo en lo alto, etc., hasta darle una apariencia bien diferente a la que tenía hasta el momento. Un edificio que hablaba de la grandeza real.

También, ya en época de Felipe II, se construyó la Torre Dorada, llamada así debido a los brillos de ese color que desprendían los balcones, la veleta y las bolas que la decoraban. Esta se edificó en ladrillo, en lugar de en granito, y con el primer chapitel que se construyó en aquel momento en Madrid.

Felipe III buscó la armonización e la fachada sur del Real Alcázar, por lo que demolió la portada de Carlos I y mandó construir una gran fachada con balcones columnados, además de la otra torre que faltaba. El alcázar se convirtió entonces no solo en residencia real, sino también de funcionarios como el pintor Diego Velázquez, que fue pintor de la Corte de Felipe IV.

A pesar de su gran esplendor, el alcázar tuvo un trágico final. Y es que la noche del 24 de diciembre de 1734 un gran incendio lo arrasó y prácticamente no quedó nada en pie.

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