Desde 1930, las costumbres aragonesas están presentes en la capital gracias a la Casa de Aragón, un lugar donde la tradición no forma parte de la decoración, sino que se vive.
Aunque muchos de sus socios no son aragoneses de nacimiento, el centro ofrece una amplia variedad de actividades culturales y gastronómicas vinculadas a esta comunidad autónoma. No es extraño, por tanto, que entre sus paredes resuene el sonido de las castañuelas al ritmo de la jota aragonesa.