Lejos de lo que pueda parecer en nuestros días, las glorietas no surgieron para ubicar fuentes y estatuas, sino como solución a un problema cada vez más recurrente: los atascos.
La primera rotonda se colocó en París en 1907, en torno al Arco del Triunfo; pero no sería hasta 1929 cuando, en Inglaterra, se implantó la norma más básica de su funcionamiento: la prioridad la tienen los que ya están dentro.
A España no llegarían hasta los años 70 y, desde entonces, se han multiplicado progresivamente hasta superar las 80.000 en nuestro país.