La Comunidad de Madrid ha iniciado una campaña de vigilancia para la detección de cebos envenenados en el medio natural y en terrenos cinegéticos de la región.
Tendrá una duración de, aproximadamente, seis semanas y cuenta con el despliegue de la Unidad Canina del Cuerpo de Agentes Forestales (UCAF), especializada en su búsqueda.
El objetivo de esta iniciativa es evitar el uso de esta práctica prohibida, que es utilizada por determinadas personas como un medio de control de fauna silvestre y doméstica en zonas próximas a cotos de caza o explotaciones ganaderas.
Se trata, explican, de un método no selectivo, que provoca graves daños a la biodiversidad, ya que pone en riesgo a aves emblemáticas y amenazadas, como el águila imperial ibérica, el buitre negro o el milano real.
Genera, además, un efecto en cadena, ya que la muerte de un animal envenenado puede provocar intoxicaciones secundarias en especies carroñeras y depredadoras.
Los equipos formados por un agente forestal y un perro detector (5 guías y 7 canes) recorrerán las áreas previamente planificadas para localizar cebos o restos contaminados con sustancias tóxicas, priorizando aquellas zonas donde anteriormente se hayan localizado animales muertos por envenenamiento, especialmente especies depredadoras.
Estas suponen un peligro real para excursionistas, ganaderos, cazadores y para la fauna silvestre y doméstica que transita por el campo, advierten.
Su colocación puede conllevar penas de prisión de hasta dos años, además de las cuantiosas multas e inhabilitación especial para el ejercicio de la caza y otras actividades relacionadas con el entorno forestal.
En 2025 fueron 55 los casos vinculados con este asunto, aproximadamente un 40% de los delitos investigados por este cuerpo regional.