El Museo Sorolla estrena su exposición 'Tormento y devoción', con obras inéditas

  • Algunas de ellas pertenecen a colecciones privadas que han sido cedidas para la muestra temporal
Foto: EFE |Vídeo: Telemadrid

Los primeros años de un Sorolla inédito a través de pinturas religiosas llegan al Museo Sorolla en la exposición temporal “Tormento y devoción”, una muestra compuesta en su mayoría por obras de colecciones particulares que cuentan “una bonita historia en la que Sorolla parte de un gran fracaso para tomar un nuevo camino”.

“Para llegar hasta el Sorolla que todos conocemos son necesarias este tipo de muestras”, explica durante la presentación Luis Alberto Pérez Velarde, comisario de esta exposición, en la que “con la excusa de la religión, nos acercamos a los primeros años del pintor”, argumenta.

Un cuadro con el que Sorolla “fracasa”, “El entierro de Cristo” (1885-1887), se convierte en el punto de partida de la nueva muestra organizada por el Museo Sorolla y la Fundación Sorolla. Una exposición de 46 piezas de las cuales 30 llegan como préstamos de colecciones particulares.

Recorrido por la exposición

La muestra recorre los primeros años del pintor, desde 1880 hasta 1902, periodo en el que abarcó fundamentalmente la pintura religiosa, faceta generalmente desconocida del valenciano, y que ilustra “una bonita historia en la que Sorolla parte de un gran fracaso para tomar un nuevo camino”, apunta el comisario.

“Últimos sacramentos. Carlos V”, una obra que solo ha sido expuesta anteriormente en dos ocasiones en Avilés y que el pintor hizo “con solo diecinueve años”, según detalla Pérez, es la pintura que da comienzo al recorrido de la exposición, articulada en tres fases, que van desde “Primeros años” a “Costumbrismo religioso” para finalizar en “Devoción”.

También en esta primera parte destaca “Monja en oración”, retrato que tiene “mucho de Velázquez” y que refleja “el maestro colosal de la luz que era Sorolla”, señala Pérez sobre este cuadro, que precede al “Entierro de Cristo”, una obra “fundamental para entender esta etapa”, y que da nombre a la exposición.

Abandonada en el estudio por el pintor, de la obra solo se conservan tres fragmentos que se incorporan ahora a un montaje museográfico que recrea el cuadro. El espectador “puede hacerse a la idea de cómo era la dimensión de este cuadro” señala el comisario sobre la obra, que supuso “un cambio” en la pintura de Sorolla.

“A Sorolla le preocupaba el qué dirán y la crítica fue despiadada” apunta sobre la pintura, que se definió como “un cuadro con falta de luz”, a pesar de que Galdós afirmara que se trataba de un cuadro bastante bueno”, desgrana el comisario sobre la obra, concebida en Asís y en la que las tonalidades lúgubres cobran protagonismo.

Las escenas de costumbres religiosas marcaron la década de 1880, en la que el pintor se estableció en Madrid y puso de manifiesto “su maestría en los retratos y en los pequeños detalles” a través de obras que representaban la vida cotidiana, con personajes que reciben sacramentos o son parte de ceremonias litúrgicas.

Obras como “Duelo” revelan las indagaciones sobre la luz del pintor, en un estilo que posteriormente se denominaría como “costumbrismo marinero”, en el que el artista retrataba los trabajos relacionados con el mar desde las playas de Valencia, como refleja su obra “La bendición de la barca”.

La última etapa, “Devoción”, muestra los trabajos realizados en Roma por el pintor con tan solo veinte años. “Tenía que enviar obras que demostrasen que aprovechaba la beca que le otorgaron”, explica Pérez sobre esta etapa en la que Sorolla se enfrentó a pintar desnudos académicos, pero mantuvo su foco en las pinturas religiosas.

Retratos “de vírgenes en atmósferas intimistas de inspiración italiana” y obras como “Levantando la cruz. Crucifixión” culminan en “El estandarte de San Blas”, pieza que pone el broche final al recorrido y que mantiene la religiosidad popular “procesionando cada 3 de febrero”, explica Pérez.

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