Carlos III lo intentó, Carlos IV lo consiguió y Napoleón lo fastidió todo. Esa es, en esencia, la apasionante historia que encierra la nueva exposición de la Comunidad de Madrid, 'Porcelanas para los reyes de España. La producción de la Real Fábrica del Buen Retiro', que puede visitarse de forma gratuita en el Centro de Interpretación de Nuevo Baztán hasta el próximo 7 de junio.
La muestra, comisariada por María de los Ángeles Granados Ortega, reúne más de 70 objetos elaborados en esta mítica manufactura madrileña, junto a piezas de otras fábricas europeas como Capodimonte, Sèvres o Meissen.
Procedentes del Museo Arqueológico Nacional y del Museo de Historia de Madrid, estas porcelanas permiten recorrer el sueño de un rey, el perfeccionamiento de una técnica y la destrucción definitiva a manos de las tropas napoleónicas.
"El artífice de su producción fue Carlos III. Establece una fábrica de porcelana en el jardín del Real Palacio del Buen Retiro. Era un edificio de tres plantas que tenía las viviendas de los operarios, artistas y del intendente", explica la comisaria. Pero el monarca se enfrentaba a un problema de base: "Plantea casi un imposible porque aquí no había porcelana. En realidad, era una porcelana sin caolín".
Habría que esperar al reinado de Carlos IV, cuando se descubre la sepiolita de Vallecas y Vicálvaro, para mejorar la calidad. Aun así, la producción se restringió al uso de la corte y nunca se comercializó hasta el final del reinado de Carlos III. ¿Qué hacía estas piezas tan valiosas? "Los decoradores eran pintores miniaturistas. No era una estampación. Cada pieza, cada plato, cada bandeja, todo se pintaba a mano", subraya Granados.
Entre las obras más llamativas destaca "la producción escultórica típica del reinado de Carlos III: obras que representan muchos temas, siempre anecdóticos, amables, divertidos". Pero la historia de la porcelana en Madrid tiene un origen familiar: "Carlos III trae la porcelana a Madrid porque se casa con una mujer propietaria de porcelanas. La primera porcelana auténtica europea la produce el abuelo de María Amalia de Sajonia, la esposa de Carlos III. Es una historia muy larga, pero muy bonita".
Ya en tiempos de Carlos IV, la calidad alcanza cotas excepcionales: "Hay calidad en el diseño, unos bronces magníficos, unas monturas de bronce maravillosas. Es cierto que a muchos jarrones les falta la tapa, probablemente de bronce, pero no la han conservado", apunta la comisaria.
Y entonces llegó la debacle. "Napoleón, sus tropas fueron las que produjeron el fin abrupto de la fábrica, que ya nunca volvió a recuperarse". La Real Fábrica del Buen Retiro desapareció, pero su legado de esmalte, miniaturas y esculturas divertidas ha sobrevivido dos siglos para contarlo en Nuevo Baztán. La entrada es gratuita. La historia, no tiene precio.