Mientras gran parte de la región trata de refugiarse de las altas temperaturas, un grupo de niños y adolescentes ha encontrado la mejor forma de combatir el calor: sobre el agua. El Pantano de San Juan vuelve a convertirse este verano en el escenario perfecto para un campamento náutico en el que la aventura y el aprendizaje navegan de la mano.
La jornada comienza con una de las actividades estrella: la vela. Bajo la supervisión de los monitores, los participantes aprenden a preparar las embarcaciones antes de lanzarse al agua. Montar la vela mayor, colocar el foque o familiarizarse con el timón forman parte de las primeras lecciones para quienes se estrenan en este deporte.
"Estamos desenrollando la vela", explica Manuela mientras participa en los preparativos. Para muchos es su primer contacto con la navegación, aunque otros ya repiten experiencia. Es el caso de Ana Paula, que regresa al campamento tras participar el año pasado. "Aprendimos conocimientos básicos y este año estamos haciendo cosas más avanzadas. Me gusta mucho la vela y repetiría otro año más", asegura.
Con las embarcaciones listas, llega el momento más esperado: salir a navegar por las aguas del embalse. Una experiencia que permite a los jóvenes adquirir confianza, trabajar en equipo y descubrir los secretos de la navegación en un entorno privilegiado.
Pero la vela no es la única protagonista. El programa incluye también actividades de kayak y piragua, que ponen a prueba la coordinación y el esfuerzo de los participantes. "Lo más complicado es remar a la vez que la otra persona y coordinarse bien", reconocen algunos de los jóvenes tras completar sus primeros recorridos.