Aumenta en España el uso de la sumisión química para cometer robos y violaciones

  • Son sustancias que afectan al funcionamiento normal del cerebro: pérdida de consciencia, depresión neurológica, dificultades de movimiento, desorientación, falta de memoria, pérdida del recuerdo...

En su último informe sobre criminalidad en España, El Ministerio del Interior advierte de un aumento de la utilización de la sumisión química para cometer delitos, principalmente violaciones, abusos sexuales y robos. Los delincuentes administran a las víctimas en un descuido sustancias químicas que anulan su voluntad, aprovechando la circunstancia para cometer el delito. Las víctimas son, sobre todo, personas jóvenes.

“Cuidado con lo que te echan en la bebida”. Parece una leyenda urbana, pero los números ponen negro sobre blanco la realidad. En 2020 se denunciaron 1.902 violaciones en España. Detrás de muchas de estas agresiones sexuales se encuentra la sumisión química con sustancias como la burundanga, "pero no solo", también con fármacos de curso legal o alcohol, puntualiza José Luis Conejo, jefe del Servicio de Información Toxicológica del Instituto Nacional de Toxicología.

En la ciudad de Barcelona, una de cada cuatro víctimas de violación aseguran haber sido sometidas a sumisión química. Sin embargo, la ley sigue considerando este hecho un abuso y no agresión.

Uno de los últimos casos es el de la manada de Alicante. Una chica denuncia que cuatro jóvenes le dan algo de beber y luego la conducen a otro lugar donde la violan. La víctima es conducida hasta allí sin que pueda hacer nada por remediarlo.

"Me violaron pero no sé qué me hicieron exactamente", explica una víctima

Son sustancias que afectan al funcionamiento normal del cerebro: pérdida de consciencia, depresión neurológica, dificultades de movimiento, desorientación, falta de memoria, pérdida del recuerdo. “En cualquier caso, estamos hablando de agresiones a la persona, vulneran su conciencia y la tratan de forma vejatoria”, asegura el experto.

Actúan de inmediato y los efectos pueden durar entre 3 y 4 horas, pero no dejan rastro en el organismo de la víctima transcurridas unas 12 horas; se trata de una prueba fundamental en una hipotética denuncia. “Es un gran condicionante porque el rastro en sangre se disipa. En la orina es más persistente, pero estas personas pasan bastantes horas en situación de pérdida de voluntad”, asegura José Luis Conejo.

Para tratar de evitar la sumisión química, la Universitat de València ha desarrollado un sistema con sensores que cambian de color ante la presencia en la bebida de ácido hidroxibutírico (GHB), un compuesto incoloro e inodoro utilizado habitualmente en estos casos.

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