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La denuncia de acoso de una empleada del hogar

Según un estudio de la Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género, siete de cada diez trabajadoras no cuentan el acoso sexual en las empresas por miedo a represalias y chismes. Unos datos preocupantes que indican que todavía tenemos mucho que avanzar. Está Pasando ha hablado con Ana, una asistenta del hogar que vivió una experiencia de ese tipo en su trabajo.

Ana está especializada en cuidar a personas mayores. Una amiga le dio el número de teléfono para cuidar a un abuelo. En la primera noche que se quedó interna, comenzaron las acciones incómodas: “Al darle las buenas noches me agarró de la cara y me dio un beso en la frente. Yo me molesté mucho y le dije que no lo volviera a hacer, que no me gustaba y él me dijo que yo, en este país, no valía nada”, cuenta.

Cuando el piropo deja de ser un halago y se convierte en acoso
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Cuando el piropo deja de ser un halago y se convierte en acoso

Al tercer día del trabajo “me dijo que necesitaba a una persona que le hiciera compañía en la cama”, explica Ana. Así comenzó un calvario que duró 8 días: “A partir de ese momento solo es acoso, acoso y acoso”, se lamenta.

Un día volvía de su día libre y el hombre le dijo “no entiendo por qué te vas. Tienes que cuidarme a mí, no quiero que te vayas con amantes”. Comenzaron entonces los comentarios sexuales y el acoso: “me gustan tus pechitos, quiero que duermas conmigo", cuenta Ana. Incluso llegó a tocarle el culo.

El acoso era también telefónico con conversaciones subidas de tono por su parte.

Ana habló con la hija del acosador, quien la creyó e hizo que el padre le pagará y pudiera salir de aquella situación. Espera que su testimonio ayude a otras personas.

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