El proyecto piloto madrileño que ayuda a dejar los ansiolíticos y somníferos tras años de consumo
España se encuentra entre los países con mayor consumo de benzodiacepinas e hipnosedantes
Un estudio piloto desarrollado en Madrid ha conseguido que más de un tercio de los pacientes redujera o abandonara el consumo de benzodiacepinas, fármaco psicotrópicos utilizados para tratar la ansiedad, el estrés o el insomnio, seis meses después de conocer su disposición a dejar estos medicamentos pese a que los participantes llevaban una media de más de nueve años tomándolos.
El denominado proyecto BENZOPROMS, coordinado por farmacéuticos de Atención Primaria de la Dirección Asistencial Noroeste de Madrid, se ha presentado este jueves en el 29º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (SEFAP), que reúne en el Palacio de Congresos de Oviedo a cerca de 500 profesionales de toda España.
Los resultados de la iniciativa reflejan que alrededor del 70 % de los pacientes consultados estaría predispuesto a iniciar un proceso de deshabituación, mientras que seis meses después el 19,6 % había dejado el tratamiento y otro 15 % había reducido la dosis de unos fármacos para los que se recomienda un tiempo de uso no superior a 4 semanas para el insomnio y de 8 a 12 semanas para la ansiedad ya que, por encima de esos márgenes, su consumo puede conllevar graves riesgos para la salud física y mental.
Además, según impulsores del proyecto, España se encuentra entre los países con mayor consumo de benzodiacepinas e hipnosedantes, con más del 7 % de la población que toma estos fármacos a diario y cifras superiores a las 110 dosis por cada 1.000 habitantes.
Según la farmacéutica de Atención Primaria Carmen Herrero Domínguez-Berrueta, el consumo puede prolongarse durante años o décadas debido a factores como la percepción de que el tratamiento sigue siendo eficaz, el miedo a la abstinencia o a la reaparición de los síntomas, la falta de información y la inercia terapéutica.
Así, ha señalado que preguntar a los pacientes por su disposición a dejar estos medicamentos permite detectar oportunidades para revisar los tratamientos y plantear una retirada gradual y supervisada, aunque ha advertido de que el proceso puede presentar dificultades relacionadas con la dependencia o el temor a que vuelvan los síntomas.
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