Vídeo: Telemadrid | Foto: REDACCIÓN

Una casa canadiense en Madrid

A simple vista, parece una típica casa canadiense de madera. Y sí, es una casa canadiense, pero no es de madera, sino de un material especial que no se estropea con las inclemencias del tiempo.

Lo curioso es que los propietarios de esta casa azul tan llamativa no son canadienses. Laura es gallega, y nos muestra orgullosa una vivienda que han ido arreglando y restaurando a su gusto.

La clave: grandes ventanales

Las casas canadienses se caracterizan por tener grandes ventanales y mucha luz. En esta vivienda, incluso tiene la puerta de entrada de cristal. El resultado en el interior es un espacio abierto y muy luminoso.

Laura y su marido viven en esta casa desde hace dos años, y la han reformado a su gusto. El sofá que preside el amplio salón es de terciopelo, y está junto a una chimenea de hierro fundido.

A esta pareja le encanta reformar objetos de todo tipo. Hasta tienen una lechera gallega restaurada como decoración. Pero hasta la cocina la han hecho ellos mismos desde cero: muebles y mesa. Una cocina, por cierto, que está totalmente integrada con el salón, ya que no hay paredes de ningún tipo ni puertas que las separen.

Laura y su marido construyeron la cocina de esta casa desde cero

Las paredes de la cocina y el aseo que hay junto a ella están revestidas por papel vinílico, que según Laura, es muy resistente a la humedad y muy fácil de limpiar. Pero si hay algo que llame la atención del interior de esta vivienda, es la habitación de su hija: parece una casa de muñecas repleta de casitas de juguete hechas con madera. Una de ellas, 'Villa Laura', la construyó el abuelo de nuestra anfitriona para ella.

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Una fachada que llama la atención

Llamativo también el porche de la entrada, "muy americano"., y la enorme enredadera que cubre una de las fachadas de la casa. En verano, está cubierta de hojas verdes y en otoño, se tornan rojizas.

La casa, por cierto, ya hemos dicho que no es de madera: está hecha con un material de fibras de madera prensada a alta temperatura y cinco capas de pintura al horno que la convierten en un material muy resistente. En 22 años, no la han pintado ni una sola vez.

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