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Luces y sombras del K-POP, el fenómeno que arrasa también en España

Se llama K-POP y es mucho más que un género musical coreano. Un auténtico fenómeno de masas que arrasa en todo el mundo y que ha entrado sin complejos en las listas de éxitos también de España. Grupos de chicos o chicas con una estética particular y canciones y coreografías cantadas y bailadas.

BTS, el grupo de chicos y Dynamite, su canción. 700 millones de reproducciones en Youtube. Más de 100 solo el día del estreno.

Blackpink, la banda de chicas. Varios records Guiness, entre otros, superar a Ariana Grande y Taylor Swift.

Son las más conocidas del K-POP, ese híbrido de todos los productos populares del planeta: sin género musical definido abarca tecno, pop, electrónica, hip hop o rap.

Coreografías muy trabajadas, que los fans repiten. Superproduciones de videoclips y redes sociales.

Estricto control

Y es la industria coreana de entretenimiento: fenómeno social, cultural, y político.

Tras la crisis del 97, el gobierno comienza a exportar su música para atraer inversión. Hoy, es responsable de miles de millones de ingresos en cosmética, moda, turismo y cirugías estéticas.

Porque el fenómeno de masas tiene cara B: los grupos se fabrican, entran en academias en la adolescencia, se les controla, obliga a trabajar 14 horas, a hacer dieta y a operarse para estar perfectos.

Llegó a España con él y su baile en 2012. Y tenemos grupo. The Brtaz. Cuatro jóvenes madrileñas que tienen su público.

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