España es una sociedad cada vez más envejecida. En la actualidad, casi uno de cada cinco ciudadanos supera los 65 años, una realidad demográfica que plantea nuevos retos sociales y económicos.
Pero junto al envejecimiento de la población aparece también un fenómeno menos visible: el edadismo, es decir, la discriminación basada en la edad.
Un estudio presentado hoy analiza hasta qué punto este tipo de prejuicios sigue presente en nuestro país y cómo afecta a la vida cotidiana de las personas mayores.
Los expertos advierten de que el edadismo se manifiesta de muchas formas, desde estereotipos que asocian la edad con incapacidad o dependencia, hasta situaciones de exclusión en el ámbito laboral, sanitario o social.
En muchos casos se trata de actitudes normalizadas que pasan desapercibidas, pero que pueden limitar la participación de los mayores en la vida pública.
El informe subraya que combatir este tipo de discriminación pasa por cambiar la percepción social del envejecimiento, visibilizar el papel activo de las personas mayores y promover políticas que favorezcan su autonomía y participación.
En una sociedad que envejece rápidamente, los especialistas insisten en que la longevidad debe entenderse como un logro colectivo, pero también como un desafío que exige revisar los prejuicios y garantizar que la edad no se convierta en motivo de exclusión.