Los residentes del barrio de San Cristóbal, en el distrito madrileño de Villaverde, conviven a diario con una realidad que califican de insostenible: personas en pésimas condiciones acampadas frente a sus hogares y consumiendo sustancias estupefacientes sin ningún tipo de recato, incluso en plena luz del día.
La imagen con la que los vecinos amanecen cada día es siempre la misma. De hecho, un equipo de Madrid Directo es testigo de cómo una mediadora recoge droga de la ventana de una vivienda para su posterior distribución.
Un barrendero de la zona describe con crudeza la situación que se encuentra a diario durante su jornada laboral. "Qué te voy a contar. En general todo el barrio. Te das una vuelta por ahí y los vas a ver, te vas para allí y los vas a ver, te vas para allá y los vas a ver", afirma.
"Consumiendo sí, tú vas trabajando y te los vas encontrando", añade el trabajador, que relata cómo los consumidores se esconden en los recovecos del vecindario. "Y se esconden y yo voy trabajando a lo mío y a lo mejor entre dos coches, pum, te los encuentras".
Una vecina de la zona, visiblemente afectada por la situación, coincide con el diagnóstico. "Van que dan penita verlos", lamenta, aunque también confiesa el temor que siente al transitar por las calles de su propio barrio. "Yo porque bajo con mi amiga, si no, no bajo", confiesa.
La inseguridad es otra de las patas de este problema. La misma vecina relata su propia experiencia: "A mí ya me han quitado una vez un monedero, y salía del ambulatorio y me quitaron el monedero. Es un peligro, y si tiendes ropa, te la quitan. Cada vez se ha puesto más peligroso".
La sensación de indefensión es total. "No les puedes decir nada. Te mandan a la mierda o se ponen a parir contigo", explica la vecina, que asegura que la presencia policial es constante, pero insuficiente. "La policía está aquí cada dos por tres, pero nosotros… yo no me meto en la vida de nadie", matiza.
Tanto la vecina como el barrendero coinciden en que la situación ha ido a peor. "Ha tenido sus más, sus menos, ahora hay más", asegura el trabajador, mientras la residente sentencia: "No es el barrio que era, es una pena".
Ambos coinciden también en el perfil de quienes ocupan las calles. "Suelen ser siempre los mismos. A ver, es como todo, va rotando. Hay veces que los ves una temporada, ya no están y vienen otros, ya no están…", detalla el barrendero.
Lo que no cambia, según los vecinos de San Cristóbal, es la sensación de abandono y el incremento de la inseguridad en los últimos tiempos, una preocupación que crece mientras ellos siguen conviviendo a diario con una realidad que, denuncian, nadie termina de solucionar.