Abrir el grifo y encontrarse agua marrón, turbia o "color chocolate". Esta es la realidad que viven desde hace más de dos años y medio los vecinos de Aldea del Fresno, una localidad madrileña gravemente afectada por la DANA que arrasó la zona en 2023.
Aunque el Ayuntamiento asegura que el agua corriente es apta para el consumo, los vecinos muestran cada día las consecuencias: bañeras con fondo ocre, filtros de ducha que se obstruyen en cuestión de días y problemas de salud que atribuyen al estado del suministro.
Raúl es uno de los afectados. En su casa, el fondo de la bañera amanece prácticamente marrón. Por mucho que lo limpien, la mancha vuelve a aparecer. El filtro de la alcachofa de la ducha es otro de sus quebraderos de cabeza: "Se cambian cada cuatro meses, pero yo los estoy cambiando cuando veo que llega un momento que ya no sale el agua". El último lo cambió el viernes. Cinco días después, estaba completamente marrón. Al sacudirlo, sale barro.
Mari ha convertido una taza blanca en su particular medidor de calidad. "Cuando abrimos el grifo nos podemos encontrar mal, bien, turbia o chocolate. Es una lotería", denuncia. Como ella, muchos vecinos han aprendido a desconfiar de lo que sale por sus grifos.
Pero el problema va más allá. Otra vecina relata cómo el agua le ha provocado problemas en la piel: "Con esta agua me tengo que lavar todos los días los dientes y la cara, y no veas cómo me arde. Ahora mismo tengo una dermatitis. Me arde la cara, me tengo que echar siempre crema, tanto para dormir como para despertarme, y en los labios también. Cuando me lavo los dientes, el agua se siente tan diferente que la lengua como que molesta".
La desconfianza se extiende también a los análisis oficiales. Según denuncian los vecinos, los informes que se ofrecen no son consistentes: "Hay veces que son completos, donde figura el metal del manganeso y el arsénico, y hay veces que no figuran esos metales. Se presentan a Sanidad y Sanidad dice que es apta".
Desde el Ayuntamiento insisten en que los análisis del agua cumplen con los parámetros de salud pública y piden paciencia a los vecinos mientras las tuberías se purgan definitivamente.
Sin embargo, los vecinos de Aldea del Fresno llevan ya dos años y medio escuchando el mismo mensaje mientras siguen abriendo el grifo con desconfianza, sin atreverse a beber agua del que debería ser su suministro principal, y preguntándose cuándo podrán volver a hacer una vida normal sin depender del agua embotellada.