Lleva toda la vida sin parar un minuto. Cada día que amanece, el empresario Arturo Fernández, vicepresidente de la CEOE y presidente de la Confederación Empresarial de Madrid (CEIM), sigue enfrentándose a nuevos retos desde Cantoblanco. Su lujo es seguir al pie del cañón, y lo hace con la vitalidad de quien ha convertido el trabajo en su mayor disfrute.
"Mi vida es larga, divertida y, para mí, apasionante", confiesa. "Me levanto a las ocho y termino a las doce porque voy a los restaurantes, voy a ver cómo están mis clientes, cómo están mis empleados. La verdad es que me lo paso francamente bien. Ningún sacrificio. Yo he hecho por Madrid lo que Madrid ha hecho por mí, que ha hecho mucho".
Unas palabras que resumen la filosofía de un hombre que ha dedicado su existencia al mundo de la hostelería y la restauración, pero que atesora en su finca de Cantoblanco auténticos tesoros que pocos conocen.
Además de trabajar, Arturo Fernández dedica sus ratos libres a sus colecciones privadas, auténticos museos personales que reflejan una vida de pasión por los objetos con historia. "Tengo varios hobbies, entre ellos son los coches. Colecciono coches desde que tenía 18 años", revela.
Su colección automovilística es impresionante. "Hay coches interesantes, todos tienen su historia. Este coche pertenecía a Don Juan Carlos. Estos son todos rolls. Ese es un Bentley Continental", enumera mientras recorre su particular museo sobre ruedas.
Pero si hay una joya especial en su garaje, esa es el Jaguar E. "Fue el primer coche que compré cuando tenía 17 años. Se inspiró Enzo Ferrari para hacer su... dijo que era el coche más bello del mundo", recuerda.
Otra de sus colecciones más valiosas es la de Chicote. "Eso suena a colección única en el mundo, que estaba en la Gran Vía. 30.000 botellas exclusivas", explica. Arturo rescató este tesoro histórico que, según sus palabras, "es la historia de España".
Entre las piezas más destacadas se encuentran botellas de la boda de la Infanta Doña Pilar con Luis Gómez Acebo o de la visita de Richard Nixon a España. Auténticas reliquias de valor incalculable que han despertado el interés de grandes compañías. "Orasis quiso comprar este museo, pero Chicote no se lo vendió", afirma.
La tercera pata de sus aficiones son las armas, que tienen una razón de ser muy concreta. Todo arrancó en el Club de Tiro, una institución con profundas raíces familiares. "Mi abuelo montó este Club de Tiro hace 120 años y él era armero de su majestad el rey Alfonso XIII. Yo sigo siendo armero, soy maestro armero y yo he cuidado de las armas de Don Juan Carlos también", desvela.
Pero todo este universo no es exclusivo para el empresario. Uno puede ir allí a simplemente conocer el espacio, a comer en el restaurante o disfrutar de la zona de eventos. "Tenemos un cocinero, arrocero famoso, que te hace unos arroces estupendos. Si alguien quiere ver mis colecciones, pues nada más que tiene que pedírmelo, que estaré encantado de enseñársela", invita.
Colecciona coches, botellas y armas, pero lo que más atesora Arturo Fernández son sus amigos. "Yo creo que lo mejor que puede tener alguien es la amistad y yo me precio de tener muchos amigos, que creo que es lo mejor que tengo. Con personajes de la vida política, del comercio, de la industria...", concluye.