Alba Mangado tuvo clara su vocación desde los 9 años, cuando acudía con su padre a ver aviones cerca del aeropuerto de Barcelona, un entorno que despertó en ella una profunda fascinación.
En un momento en el que ser piloto parecía un reto aún mayor para una mujer, decidió perseguir un sueño que entonces parecía inaccesible.
A pesar de obtener su título de piloto, Mangado trabajó durante siete años como tripulante de cabina debido a la crisis del sector, demostrando la capacidad de adaptación que exige una industria cíclica.
Hoy, ya como piloto, asume la responsabilidad con confianza gracias a una formación exigente y continua, con entrenamientos periódicos en simuladores.
Alba también pone el foco en la baja representación femenina, que actualmente ronda el 6% en España, aunque celebra el avance respecto a años anteriores.