Un año después del gran apagón que dejó sin luz a 36 millones de personas en España, el foco se desplaza desde las versiones oficiales hacia el análisis técnico. El doctor en física nuclear, Manuel Fernández Ordóñez, sitúa el origen del colapso en un problema de planificación energética más que en un fallo imprevisible.
“Más que un exceso de renovables, lo que había era un defecto de potencia firme en el sistema”, asegura. Con esta afirmación, el experto introduce un matiz clave en el debate: no se trata únicamente del peso de la energía eólica o fotovoltaica, sino de la falta de respaldo estable, centrales de gas, nuclear o hidráulica, capaz de sostener la red en momentos críticos.
Según explica, el día previo al apagón se programó el menor número de centrales síncronas de todo el año, especialmente en el sur y sureste peninsular. Una zona donde la producción renovable es elevada pero el consumo es menor, lo que obliga a transportar energía hacia otras regiones.
En ese contexto, una de las centrales de gas previstas quedó fuera de servicio, y no fue sustituida por otra. “Se decidió operar con menos respaldo del necesario”, apunta, en lo que diversos actores del sector consideran un posible error de programación.
Mientras tanto la factura eléctrica incorpora un sobrecoste destinado a reforzar el sistema y evitar nuevos colapsos. La llamada “operación reforzada” ha supuesto ya cerca de 1.000 millones de euros, unos 40 euros adicionales por hogar.Un año después, no se han depurado responsabilidades ni se ha ofrecido una explicación definitiva.