La educación cotidiana, esa que durante décadas ha vertebrado la convivencia social, muestra signos de desgaste en España. Expresiones tan básicas como “gracias”, “por favor” o “buenos días” se escuchan cada vez menos en calles, comercios y espacios públicos, en un contexto donde los hábitos tradicionales parecen diluirse.
Un reciente estudio de Libertad Digital sitúa a España en el puesto 22 del ranking de países más educados, fuera del top 20 y lejos del liderazgo de Japón. Un dato que, más allá de la estadística, refleja una percepción compartida por muchos ciudadanos: la cortesía está en retroceso.
“Antes era automático saludar o agradecer. Ahora mucha gente pasa sin mirar siquiera”, comentan vecinos consultados. La sensación general es que la convivencia se ha vuelto más fría, con una pérdida progresiva de normas no escritas que facilitaban la interacción diaria.
Los expertos apuntan a un cambio estructural en los procesos de socialización. La educación formal no logra suplir el papel tradicional del entorno familiar, donde históricamente se adquirían valores como el respeto, la paciencia o la amabilidad. “Lo esencial no siempre se aprende en el colegio, sino en casa”, coinciden.
Entre los comportamientos que más preocupan destacan la falta de saludo, no ceder el asiento a personas mayores o la ausencia de respuestas en situaciones cotidianas, como en la hostelería. Actitudes que, según los analistas, erosionan la calidad del trato social.
Factores como el ritmo acelerado de vida también influyen. Las prisas, cada vez más presentes en la rutina diaria, reducen los espacios para la cortesía y fomentan interacciones más impersonales.