El desierto está ubicado en una zona de China en la que apenas llueve, a raíz de eso se crearon varios campos fotovoltaicos para aprovechar la luz solar.
Resulta que los paneles han reducido al 50% la potencia del aire y eso ha terminado prácticamente con la erosión. Las placas se enfrían por la noche convirtiéndose en condensadores de humedad provocando que por la noche el suelo se moje y al día siguiente haya barro.
Con todo esto la tierra se ha vuelto fértil y han brotado varias especies vegetales, con lo que los ganaderos sueltan a sus ovejas a pastar por la zona. Los paneles no solo consiguen energía renovable y limpia, han creado un nuevo ecosistema.