Las Cartas a Palacio: cuando una súplica cambió el papel de España en la Primera Guerra Mundial

  • La iniciativa secreta de Alfonso XIII que convirtió el Palacio Real en centro internacional de ayuda a prisioneros de guerra
  • El éxito de la Oficina Pro Cautivos llevó al monarca español a estar nominado al Premio Nobel de la Paz
Foto: TELEMADRID |Vídeo: Telemadrid

A comienzos de la Primera Guerra Mundial, España vivía una compleja neutralidad marcada por profundas divisiones internas. La sociedad se repartía entre germanófilos y aliadófilos, una fractura que alcanzaba incluso al entorno más íntimo del rey Alfonso XIII: su madre, María Cristina de Habsburgo, era abiertamente favorable a las potencias centrales, mientras que su esposa, Victoria Eugenia, de origen británico, simpatizaba con los Aliados.

En ese clima de tensiones políticas y familiares, el monarca trató de sostener una neutralidad oficial que, en la práctica, se percibía inclinada hacia el bloque alemán.

Fue en ese contexto cuando una carta procedente de Bélgica llegó de manera casi fortuita a manos del rey. La firmaba un joven llamado Sylvein, que pedía ayuda para localizar a su hermano, desaparecido en la batalla de Charleroi. Alfonso XIII leyó la súplica y, con una decisión que marcaría su reinado, ordenó que se hicieran gestiones para encontrarlo. El resultado fue positivo.

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La historia fue publicada en la prensa francesa y, a partir de ese momento, comenzaron a llegar cientos, luego miles, de cartas al Palacio Real solicitando la mediación del único jefe de Estado neutral con capacidad para intervenir ante ambos bandos.

Así nació la Oficina Pro Cautivos, un organismo creado y financiado personalmente por el monarca, instalado en dependencias del propio palacio y atendido por funcionarios, voluntarios y personal de la Casa Real. Su misión era localizar prisioneros de guerra, gestionar intercambios de información, facilitar correspondencia entre combatientes y familias, e inspeccionar campos de internamiento en coordinación con la Cruz Roja.

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La actividad creció de forma exponencial hasta adquirir dimensión internacional. Tanto los países aliados como los imperios centrales reconocieron la labor humanitaria de España, que actuaba como intermediaria en uno y otro frente. La Oficina Pro Cautivos se convirtió así en un referente diplomático y asistencial aunque con un nombre menos eficaz en términos de proyección pública que el de la propia Cruz Roja.

El prestigio alcanzado llevó incluso a que se propusiera a Alfonso XIII para el Premio Nobel de la Paz, galardón que finalmente recayó en la institución humanitaria suiza. Pese a ello, la historia de las Cartas a Palacio permanece como uno de los episodios más singulares del papel de España en la Primera Guerra Mundial.

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