El pintor andaluz Diego Velázquez llegó a Madrid en 1622 con la carta de recomendación de su suegro y maestro Francisco Pacheco.
Al retratar al conde-duque de Olivares le llegó su gran oportunidad, y es que Felipe IV quedó tan fascinado con el cuadro que lo nombró pintor real con tan solo 24 años.
De Las meninas al Casón del Buen Retiro, a pesar de sus estancias en Italia, desde entonces la carrera de Velázquez se mantuvo ligada al rey y a la capital.