La palabra castizo nació para hablar de pureza. En el Siglo de Oro se usaba en el ámbito de la ganadería para referirse a caballos que no tenían mezcla de razas.
Con el tiempo pasó a las personas, y se consideraba a alguien castizo de familia “limpia”, sin ascendencia extranjera, judía o morisca.
No fue hasta el siglo XIX cuando se pasó a hablar de la pureza de costumbres. Así las verbenas, los chulapos y el chotis se convirtieron en emblema de lo castizo, relacionándose con la autenticidad de Madrid.