La Casa de Campo de Madrid es uno de los parques metropolitanos más grandes del mundo. Más que el Central Park neoyorquino, más que el Hyde Park de Londres y más que el parisino Bosque de Bolonia.
Son más de 1.700 hectáreas de zona forestal aunque realmente se reducen por las ocupaciones del Club de Campo, el Parque de Atracciones, el Zoo, la Venta del Batán, el Teleférico, carreteras, vías ferroviarias e incluso viviendas y otros edificios adosados a su muro histórico.
Aún así es muy grande y se puede recorrer libremente en su práctica totalidad. Aunque durante siglos esto no fue posible al ser propiedad de la Corona, finca de recreo, explotación agropecuaria y coto privado de caza hasta 1931.
En mayo de ese año, durante la Segunda República, la Casa de Campo se abrió definitivamente al pueblo de Madrid. Primero a modo de prueba y definitivamente el 6 de mayo de ese año. La verdad es que la experiencia de la apertura del uno de mayo no fue muy positiva. Una afluencia masiva de madrileños al parque puso en alerta al Ayuntamiento.
De ahí que cinco días después el alcalde Pedro Rico en la entrega simbólica de la Casa de Campo de manos del Ministro de Hacienda Indalecio Prieto dijera aquello de que la Casa de Campo no es sitio "de orgías, francachelas y merendonas, que destruirían y desvirtuarían el verdadero sentido de la entrega”.
A pesar de ello, la Casa de Campo fue lugar de todo eso y algo más. En los años siguientes se crearon muchas calzadas asfaltadas y se permitió el cruce a diario de miles de vehículos, hasta su limitación en 2007.
La Casa de Campo llega a su 95 aniversario como principal zona verde de la capital con todos sus problemas y virtudes. Lo saben bien quienes frecuentan este espacio lleno de una enorme riqueza natural y también monumental. No en vano, es un jardín histórico, protegido como Bien de Interés Cultural por la Comunidad de Madrid desde 2010.