El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado este miércoles declarar la trashumancia Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de patrimonio inmaterial, un fenómeno social y cultural que ha modelado la vida de los pastores y sus familias por su naturaleza itinerante.
Su actividad ha dejado huella en el patrimonio arquitectónico, cultural, etnográfico y paisajístico regional con un conjunto de infraestructuras como chozos, tinados y casetas destinadas al refugio de pastores, así como los corrales, majadas, apriscos y toriles, donde se resguardaba al ganado, ha señalado el consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local, Miguel Ángel García Martín.
Se trata del movimiento estacional de ganado (ovino, caprino y vacuno) entre diferentes ecosistemas, que se desplazaban en busca de condiciones climáticas mejores y pastos más favorables.
En el año 2023, la UNESCO la incluyó en la lista representativa del Patrimonio Inmaterial.
La trashumancia dio lugar a la formación de rutas de comunicación que atraviesan la región y constituyen la red de vías pecuarias, que incluyen cañadas reales, cordeles, veredas y coladas. Las más destacadas son la Cañada Real Segoviana, que recorre el territorio regional de norte a sur; la Leonesa Oriental, el Cordel del Puente de San Fernando a El Pardo, la Vereda de la Canaleja, la Vereda de la Soledad o las coladas y descansaderos de la Sierra de Guadarrama.
Estos caminos han facilitado tradicionalmente los intercambios económicos y culturales entre diferentes zonas. En la Comunidad de Madrid, además, ha supuesto un sistema cultural completo que explica el uso del territorio y el fomento de las relaciones sociales. En la actualidad, se desarrolla fundamentalmente en la Sierra Norte, Cuenca del Guadarrama y Cuenca Alta del Manzanares.
También son destacadas las herramientas como el cayado, gancho o garrote para manejar el ganado, o los calderos de hierro, fiambreras, punzones o tajos de madera, para el uso doméstico de los pastores.
Su presencia es, además, notoria en los rituales festivos y religiosos de los pueblos madrileños, como la fiesta de las vaquillas de Pedrezuela, Colmenar Viejo y Navalafuente; las cencerradas de Valdemanco, La Hiruela y Robregordo o la celebración de la Pastorela de Braojos, entre otras.