El pastoreo, considerado una de las herramientas naturales más eficaces para reducir el riesgo de incendios forestales, atraviesa una profunda crisis en España. La falta de rentabilidad y el escaso relevo generacional están provocando un descenso continuado del número de animales destinados a la ganadería extensiva.
Según los datos oficiales consultados por EFE, cada día desaparecen del censo unas 520 ovejas y 82 cabras. En la última década, España ha perdido cerca de dos millones de cabezas de ganado ovino y unas 300.000 de caprino, lo que supone descensos del 11,1% y del 12,3%, respectivamente.
Desde la organización interprofesional Interovic recuerdan que el pastoreo extensivo y la trashumancia siguen siendo sistemas muy eficaces y de bajo coste para prevenir incendios, ya que el ganado elimina hierba, matorral y otros restos vegetales que actúan como combustible cuando llega el fuego.
El sector reclama más apoyo para garantizar su supervivencia
Las organizaciones ganaderas reclaman un mayor respaldo institucional para hacer rentable esta actividad y garantizar el relevo generacional. También apelan al consumo de productos procedentes de la ganadería extensiva durante todo el año como una forma de contribuir a su mantenimiento.
La preocupación por el futuro del sector coincide con la decisión de Naciones Unidas de declarar 2026 Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, con el objetivo de impulsar políticas que favorezcan una gestión sostenible del territorio y mejoren las condiciones de vida de quienes se dedican al pastoreo.
En España también se ha impulsado un foro de reflexión sobre prevención integral de incendios que considera esencial el papel de la ganadería extensiva. Entre las medidas propuestas figuran el desarrollo de normas específicas, una mejor comercialización de sus productos y formación en nuevos modelos de ganadería regenerativa.
"Falta ganado en los montes"
El presidente de la Asociación Nacional de Ganaderos y Ganaderas en Extensivo (Anggex), Felipe Molina, asegura que España ha perdido cerca del 30 % de su cabaña extensiva en las dos últimas décadas. Aunque reconoce que el ganado no evitaría por sí solo un incendio, sostiene que sí reduciría notablemente su intensidad y facilitaría las labores de extinción al disminuir la vegetación acumulada.
Molina defiende que los ganaderos reciban una compensación económica por el servicio ambiental que prestan. Como ejemplo, recuerda que extinguir una hectárea incendiada puede costar alrededor de 10.000 euros, mientras que mantener esa misma superficie mediante pastoreo tendría un coste muy inferior.
Desde el sector también apuntan que el abandono del medio rural y las dificultades para desarrollar un proyecto de vida en estas zonas explican buena parte del descenso de la actividad. Aunque algunas explotaciones profesionalizadas son rentables, consideran insuficientes las condiciones actuales para atraer nuevos profesionales.
El relevo generacional, imprescindible
Frente a esta tendencia, algunos casos reflejan que el relevo es posible. Es el de Alicia Fernández, una pastora de 32 años que regresó a su pueblo, La Matea (Jaén), para continuar con la explotación familiar, convirtiéndose en la cuarta generación dedicada al ganado ovino, al que posteriormente incorporó también vacuno.
Fernández subraya que el trabajo diario de los rebaños ayuda a reducir el combustible vegetal que puede alimentar un incendio y lamenta que la ganadería extensiva siga estando infravalorada, pese a su importancia no solo para producir alimentos, sino también para conservar el paisaje y mantener vivo el medio rural.