No solo el alcohol o las drogas afectan a la conducción. Medicamentos de uso habitual, como antihistamínicos, antidepresivos o algunos antigripales, también pueden alterar la capacidad para conducir con seguridad al provocar somnolencia, disminuir los reflejos o reducir la capacidad de concentración.
Aunque estos efectos aparecen advertidos en los prospectos, se estima que uno de cada tres conductores desconoce o ignora estas recomendaciones y se pone al volante, aumentando el riesgo de sufrir un accidente de tráfico.
Para mejorar la información a los pacientes, las farmacias han puesto en marcha una campaña de sensibilización que recuerda la importancia de leer las indicaciones de los medicamentos y consultar con el farmacéutico o el médico antes de conducir si existe cualquier duda.
Los profesionales sanitarios insisten en que conocer los posibles efectos de los tratamientos sobre la conducción es una medida de prevención esencial para proteger tanto la seguridad del propio conductor como la del resto de usuarios de la vía.