España vuelve a liderar el Índice de Miseria dentro de la Unión Europea, una medida que combina la tasa de desempleo y la inflación para reflejar la situación económica de las familias, según el último análisis del Instituto Juan de Mariana.
El informe sitúa al país en el peor lugar por la combinación de precios elevados y un mercado laboral todavía debilitado, incluso frente a economías como Rumanía o Grecia.
El impacto más inmediato se siente en los precios de los productos de primera necesidad. Desde 2018, alimentos y bebidas no alcohólicas han registrado aumentos de hasta el 41%, muy por encima de la inflación media de la Unión Europea.
Artículos básicos como los huevos han subido más del 30% en apenas un año, lo que agrava la presión sobre los hogares con menores ingresos.
Aunque la inflación general se ha moderado ligeramente en meses recientes, con tasas anuales en torno al 2,4%, el alza acumulada de precios sigue siendo uno de los factores que más empuja al alza el Índice de Miseria.
Además de los alimentos, el coste de la vivienda, la energía y otros suministros ha seguido subiendo por encima del promedio comunitario.
Otra pieza clave del índice es el desempleo, que permanece entre los más altos de la Unión Europea.
A pesar de mejoras recientes en la creación de empleo, la tasa de paro continúa superando con claridad la media del bloque, contribuyendo a que España encabece el ranking de miseria económica: una posición que refleja peores condiciones laborales y mayores dificultades para acceder a ingresos estables.
Los economistas señalan que esta combinación de inflación sostenida y paro estructural castiga especialmente a las familias de rentas bajas y medias, que destinan una mayor parte de sus ingresos a bienes básicos.
En muchos hogares, esto ha supuesto una reducción real del poder adquisitivo y un endurecimiento de las condiciones de vida, especialmente para quienes ya estaban en una situación de vulnerabilidad.