En el corazón del Mercado de San Isidro se esconde un rincón donde no solo se compra, sino que también se crea. Se llama Colorines, y es el pequeño gran sueño de Carolina y Susana, madre e hija, que llevan solo cuatro meses al frente de este negocio "súper familiar, súper artesano", en palabras de Susana.
Su propuesta es tan cálida como original: casi todo lo que venden está hecho a mano. "Mira estos pendientes, están pensados un poquito para la pradera. Ya tenemos algunos con estampados de lunares, con flores grandes".
Además, ofrecen coleteros artesanales, vestidos y bolsos de ganchillo, así como todo el material necesario para que los propios clientes puedan confeccionarlos en casa.
Pero el alma de Colorines va más allá de la venta. Aquí también se imparten talleres de costura, y en estos días están totalmente enfocadas en las próximas fiestas de San Isidro.
"Ahora estamos en pleno taller de falda de chulapa. Cada una ha traído su tela y se está confeccionando a medida su propia falda". Un espacio, añade, "donde podemos, sobre todo, crear y apoyar al pequeño comercio", explica Susana.
Puntada a puntada, Carolina y Susana no solo preparan las fiestas más castizas de Madrid: también tejen un sueño en este mercado, demostrando que el comercio de proximidad y la tradición hecha a mano siguen más vivos que nunca.