Vídeo: EVA S. CUESTA | Foto:Telemadrid
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Nos adentramos en las tripas del embalse de Navacerrada para conocer el método de control de la fuerza del agua y la salud de esta infraestructura clave. Son en total ocho kilómetros de péndulos, extensómetros y otros dispositivos capaces de detectar movimientos milimétricos en la estructura, una red de vigilancia que trabaja a pleno rendimiento estos días con las lluvias y el deshielo.

"Este sensor de aquí que ves es un sensor de nivel. En función de esto, sabemos cuánto tenemos que abrir o cerrar", explica Patricia, responsable de auscultación, mientras muestra el funcionamiento de los mecanismos que garantizan la seguridad de la presa.

Desde el punto de observación, Patricia señala las imponentes compuertas: "Vemos las puertas del aliviadero. Tres compuertas taintor de siete metros de longitud por tres metros de alto".

En este momento, una de ellas está en funcionamiento: "Esta es la compuerta central que tenemos abierta ahora. Fíjate, está abierta muy poquito. Ves esa regleta curva donde se miden los grados de apertura, tenemos abierta donde llega a un grado".

La precisión es máxima porque el caudal debe regularse con exactitud. "Nuestro director de explotación ya nos ha dado la orden de ir cerrando en todos los embalses y en este en particular a mediodía se cierra", añade.

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Antes de continuar el recorrido, Patricia hace una parada obligatoria: "Antes de bajar al desagüe de fondo, te voy a enseñar el nicho del péndulo que tenemos aquí en coronación". Se trata de uno de los elementos más sensibles del sistema de control.

"Mira, aquí tenemos la parte superior del péndulo invertido, luego esta medida manual y la compruebo con la del display y vemos los mililitros que se han movido o no la presa con respecto al momento anterior".

La precisión es asombrosa: "Máximo entre invierno-verano esta presa son como cinco mililitros", explica, refiriéndose a los mínimos desplazamientos que registra la estructura con los cambios de temperatura y la presión del agua.

La presa "tiene una altura de 42 metros hasta el cauce del río", y una puerta azul marca la entrada a la galería inferior de inspección, un mundo subterráneo que recorre el interior de la estructura.

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"Desde aquí, hacia allá está el encuentro con la ladera de la margen izquierda y para allá pasaremos por detrás del aliviadero, donde hemos estado antes en coronación", describe Patricia mientras avanza. "Te voy a enseñar un par de equipos de auscultación".

En el recorrido aparecen los piezómetros, instrumentos fundamentales para la seguridad: "Mira, aquí tienes dos piezómetros con los que controlamos la presión del cimiento". Y señala un elemento ya conocido: "Este hilo es el mismo que hemos visto en coronación y nos ayudaba a medir los desplazamientos".

El sistema de auscultación del embalse de Navacerrada es una red nerviosa que recorre cada rincón de la estructura. Durante todo el recorrido, los péndulos, extensómetros y piezómetros trabajan en silencio, enviando datos que permiten a los técnicos como Patricia conocer el estado exacto de la presa en tiempo real.