Su origen lo encontramos en la Inquisición española y , como la Plaza Mayor acogía los juicios, estos sombreros eran muy habituales.
Fueron los Reyes Católicos los que fundaron el Tribunal del Santo Oficio para perseguir a los blasfemos, herejes o no conversos y como castigo los condenados debían llegar ese capirote picudo, que significaba la cercanía al cielo y a Dios.